lunes, 2 de noviembre de 2015

Ahora más demandado y activo; preside 3 instituciones (Por Angela Peña, del Periódico HOY)

Monseñor Agripino Núñez Collado no se ha retirado de la Universidad ni de las actividades públicas. Al contrario, ahora está más demandado y activo que cuando era rector. Su agenda se mantiene llena: sigue siendo buscado como sujeto de conciliación, vive subiendo a un avión para América, Europa o Asia, asumiendo compromisos de tres presidencias o se ausenta de repente de sus oficinas por la llamada urgente que lo reclama en medio de algún aprieto nacional.
Va y viene de Santiago a Santo Domingo durante la semana, oficia misa pues, aunque ya no es párroco, es ante todo un hijo de Dios que sigue fiel a su vocación y misión sacerdotal y a un rebaño que va tras sus prédicas y reflexiones. Celebra la eucaristía en la discreta capilla del campus que recorre desde más de medio siglo o en colegios de religiosas. Los domingos auxilia al padre Agustín Fernández, en la iglesia de los Santos Médicos, en La Trinitaria, donde reside el inquieto sacerdote.
Desde las 5:00 de la madrugada este modelo de trabajo y servicio está en pie para después de entregar su faena al Padre a través de la oración, ejercitarse físicamente en la caminadora, la bicicleta, la elíptica. Entonces desayuna y luego se dirige con energías renovadas y espíritu dispuesto a sus espléndidas oficinas: la de Santiago, una residencia habilitada para sus nuevas funciones, vecina de la Casa de la Rectoría donde acogió durante años a todo el liderazgo dominicano.
La de la Capital es majestuosa, un piso completo donde monseñor, auxiliado por su directora ejecutiva Iraima Capriles, especialista en Derecho de Familia y catedrática de la Madre y Maestra, y por su leal asistente Susana Vásquez de Suazo, dirige un eficiente equipo de sociólogos, economistas, comunicadores sociales, auditores internos, secretarias, entre otros.
En su acogedor despacho responde a los periodistas pero como en sus mejores tiempos de árbitro, el teléfono y su móvil personal no paran de sonar.
El dinámico exrector parece estar ahora más ocupado. Preside tres instituciones y aunque quiso renunciar de alguna no se lo permitieron. “Lo necesitamos, monseñor”.
Es el presidente del Consejo Económico y Social; de la Fundación Madre y Maestra,
Inc, y de la Asociación Internacional de Consejos Económicos y Sociales e Instituciones Similares (AICESIS), posición que representó para él una sorpresa que no pudo rehusar. Participaba en una asamblea general en Moscú y como el presidente anterior, un ruso, concluía su mandato y le correspondía al continente americano un jefe de Latinoamérica y el Caribe para el periodo 2015-2017, solicitaron que la República Dominicana aceptara la representación.
La elección recayó sobre el carismático cura. Agripino estará en contacto con gente de los cuatro continentes. “La satisfacción es que la candidatura mía fue a unanimidad, representó una nueva responsabilidad porque el que asume la presidencia tiene que hacer un programa de trabajo que implica reuniones en distintas partes del mundo y tener bien definidos los aspectos relacionados con el tema que el propio presidente ha elegido. Precisamente en mi discurso de aceptación anuncié que trabajaría por el fortalecimiento de la organización tratando de convertirla en una verdadera familia internacional, teniendo como prioridad el problema de las desigualdades sociales y el medio ambiente”.
Combatido cuando el país lo necesitaba en ocasiones en que estaba amenazada la paz social, enfrentado por envidiosos y egoístas que quisieron descalificarlo como incansable buscador de consenso, indiferente a críticas y rumores infundados continúa firme y estelar, sin rencores hacia adversarios gratuitos que le atacaron por ejercer un protagonismo que nunca diligenció. Sus dones y tendencia al servicio atraen. Esa fue la causa de la elección en Rusia.
Responsabilidades extremas. El trabajo de la Fundación Madre y Maestra lo compromete a seguir demostrando su inigualable capacidad para obtener recursos económicos, en lo que pocos le superan, y que fue crucial para que esa universidad creciera.
Además, la entidad debe “potenciar la vinculación de los egresados como permanentes agentes que participan en el desarrollo de la PUCMM”, expresa. El fondo patrimonial diligenciado por la fundación se destina exclusivamente al sostenimiento de la docencia, a la investigación y a la extensión que lleva a cabo la casa de estudios.
En el Consejo Económico y Social tiene las obligaciones que señala la Ley de Estrategia y Desarrollo que contempla tres pactos nacionales: el educativo, firmado el 1 de abril de 2014 y que está en proceso de ejecución; el eléctrico, actualmente muy avanzado “pues se habían señalado cuatro fases y ya se agotó la última. Próximamente se iniciarán las asambleas plenarias de las cuales deben surgir los consensos que hagan posible la culminación exitosa de este esfuerzo” en el que participan sindicatos, organizaciones de la sociedad civil y connotados expertos en el tema.
Agrega que el tercer pacto es el fiscal, “cuyos trabajos deben iniciarse una vez que concluya el eléctrico”.
Recientemente le visitó el secretario general de la AISECIS, por sugerencia de Núñez Collado, para trabajar en el programa de los próximos dos años.
Lo que no hace daño. Agripino Antonio nació en La Caleta, Santiago, el 9 de noviembre de 1933, hijo de Efraím Núñez y Ozema Collado. Realizó estudios de filosofía y teología en el seminario Santo Tomas de Aquino. Es licenciado en filosofía egresado de la Universidad de Santo Domingo y graduado en Teología y Derecho Canónico en la Pontificia Universidad de Salamanca, España.
Posee grado de maestría en administración de la Universidad de Puerto Rico, Diplomado en “Computación para Rectores” y en Liderazgo Educativo para Rectores Universitarios Latinoamericanos, de Harvard University Graduate School of Education y Laspau, entre otros estudios.
Fue vicerrector del Colegio Hispanoamericano de Salamanca; primer rector del Seminario Menor San Pío X, de Santiago; vicerrector de la UCMM desde 1963 hasta 1970 en que fue designado rector. En enero de 2015 le sustituyó el reverendo padre Ramón Alfredo de la Cruz.
El inventario de sus responsabilidades cívicas es tan inmenso como los reconocimientos y honores. Es autor de alrededor de 10 libros, algunos de los cuales han suscitado polémicas encendidas como probablemente provocarán los que está escribiendo.
Bondadoso, sencillo, sociable, impresionantemente lúcido, auténticamente cibaeño y en consecuencia furibundo aguilucho, confiesa que el secreto de su temperamento vigoroso e incansable estriba en el convencimiento de que entre las pocas cosas que no hacen daño “están el trabajo, el cumplimiento del deber, sentirse útil para servir al prójimo, tratar de dar a cada día su afán y lo demás ponerlo en manos de Dios”.
“La angustia de la gente viene porque pide algo y si no lo recibe seguido, cree que no va a ocurrir”, añade. Concluye con una cita bíblica que sintetiza el motivo de su permanente alegría e inigualable brío. “¿Por qué angustiarnos por el día de mañana? Hagamos hoy lo que tenemos que hacer”.
Artículo publicado por el Periódico HOY el domingo 1 de noviembre de 2015

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